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sebastian

Leche de Camello

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Leche de Camello

“As-salam alaykum” dije al entrar en un árabe terrible. Estaba desesperado. “Maa’, raja - Agua, por favor” le indiqué al señor Berber, quien sonriente; dejó de tomar su té, y con la paciencia característica de alguien quien ve pasar el tiempo en estaciones, no en días; trajo una tetera. Para mi desagradable sorpresa, de la tetera no salió agua, sino leche...de camello. “Maa, rajaaaaa” le repetí. Su cara lo dijo todo: “no tengo agua, sólo esto”. Para todo hay una primera vez, pensé. Tres segundos después, un litro de leche de camello aliviaba mi garganta como ningún trago de agua
lo ha hecho. La causa: caminar tres horas bajo el sol en el desierto del Sahara. Se preguntarán, ¿cómo carajos me vi en esta situación?

Días antes, mientras recorría la región de Merzouga, había conocido a Samir en el medio de la nada. Sin hablar el mismo idioma, comenzó por demostrarme como tejía sus alfombras a lo largo de meses, y terminó por tenderme una bella pipa de manera sorpresiva, de la cual fumé con gusto, dejándome llevar por la belleza del momento presente.

Lo que pasó después fue borroso. Recuerdo mucho té y ‘tagine’ (comida típica), mucho baile grupal, y fuego. Y al día siguiente, amanecer rodeado de una familia marroquí, tirado en un sofá, sorprendentemente en paz con mi espontánea decisión de confiar en estos extraños. Su esposa Nour hablaba un poco de inglés, y mientras tomábamos té y yo contemplaba mi siguiente paso, me lo ofrecería ahí mismo, en bandeja de plata. Su hermano Sufian, se adentraría al Sahara por unos días a intercambiar un camello cerca de
la frontera con Algeria...y yo estaba invitado. Mis dudas se disiparon cuando Samir me explicó que Sufian significaba “aquel que es confiable” y acto seguido me extendió un inesperado regalo: la misteriosa pipa. Cuando me di cuenta, iba trepado en un camello rumbo a una de las experiencias más bizarras de mi vida, la cual por esta ocasión, dejaré en misterio. Lo cierto es que cinco días después, regresaba en camello hacia donde Samir cuando me di cuenta...¡Su regalo, su pipa mágica, la bendita pipa que parecía hecha por Gandalf, se me había quedado bajo el desgarrado colchón en el que dormí; cientos de metros atrás! Tomé la decisión en segundos. Me apeé del ca- mello y corrí hacia atrás, haciendo señas a Sufian que me esperaran. Error, grave error.

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Al regresar al lugar del campamento ya casi empacado por los otros Berber apunto de tomar otra dirección, localicé en segundos la pipa, busqué agua en vano por unos segundos, y al no encontrarla--segundo grave error--opté por regresar en busca de la fila de camellos, todavía visibles en el horizonte. “Vamos mae, paso firme, no te agotés, te están esperando. Sólo seguí las huellas” Pasó media hora hasta que lo admití...no me estaban esperan- do. Los camellos, en apariencia lentos, dan zanca- das dos veces más largas que un caballo. “Sufiaaaaaaan”, grité encabronado. “Confiable mi culo” pensé, pensamiento agravado por el hecho de no saber cuánta distancia había hasta el destino.

Dos veces paré a llorar. “Me voy a morir en el Sa- hara de sed. Esto es un mal chiste.” Lo compararía con comerse un burrito con lija en vez de tortilla

y granola en vez de todo lo demás. Pensé en mis papás, en ríos y cataratas y ex-novias y libros que no escribiría, montañas por subir y por bajar. Irónicamente, fue el pensamiento de una cerveza michelada que en su simpleza, me secó las lágrimas, y al subir una duna que me sacó el último aliento, vi en la distancia la más preciosa cosa: un pueblito, un oasis. Dios existe. Me quité la camisa, me la amarré a la cabeza cual película de Hollywood, y le metí candela de nuevo con espíritu renovado y la boca más seca de la historia.

Nunca he estado tan feliz de ver una cabra, señal de asentamiento humano. Y entonces, la casa del principio, “hola y agua por favor” en mi árabe de mierda. Y finalmente...leche de camello para el espíritu.

PD: la pipa de Gandalf continúa decorando la sala de mi casa, y motivándome a escribir estas pequeñas historias que espero disfruten leer como yo disfruto escribirlas.

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